Opinión: ¿Qué significa la renuncia de Carlos Urzúa a la Secretaría de Hacienda?

Hacemos una interpretación de lo que puede significar para el gobierno de López Obrador la salida de Carlos Urzúa de la Secretaría de Hacienda
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Como una bomba, cayó la noticia de la renuncia de Carlos Urzúa como titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. A través de una carta en redes sociales, donde además de agradecerle al presidente López Obrador la oportunidad de servir a México, expone los motivos de su salida.

Manifiesta dos razones de su renuncia:

“Discrepancias en materia económica hubo muchas. Algunas de ellas porque en esta administración se han tomado decisiones de política pública sin el suficiente sustento. Estoy convencido de que toda política económica debe realizarse con base en evidencia, cuidando los diversos efectos que ésta pueda tener y libre de todo extremismo, sea éste de derecha o izquierda. Sin embargo, durante mi gestión las convicciones anteriores no encontraron eco”.

y

” (…) la imposición de funcionarios que no tienen conocimiento de la Hacienda Pública. Esto fue motivado por personajes influyentes del actual gobierno con un patente conflicto de interés”.

Las consecuencias no se dejaron esperar. Los mercados reaccionaron casi en automático y momentos después del anuncio, el Presidente de la República designó a Arturo Herrera como sustituto de Urzúa.

La noticia llega a menos de dos meses de la renuncia de Germán Martínez a la dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), con una carta donde hace denuncias muy similares a las que señala Carlos Urzúa.

Pero, ¿cómo interpretar estas dos renuncias y, en particular, la del Dr. Urzúa? Sospecho que hay un conflicto de perspectivas al interior de la 4T, que estaría caracterizado por dos bandos.

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Por un lado, aquellos que podríamos denominar como técnicos, donde se colocaría Carlos Urzúa. Serían aquellos que esperarían que los cambios prometidos por el gobierno de López Obrador se implementaran siguiendo los marcos técnicos adecuados, la toma decisión de acuerdo a evidencia experta, respetando los procesos y canales institucionales adecuados, así como los reglamentos jurídicos pertinentes. En suma, aquellos que prefieren la toma de decisión bien calculada, justificada y planificada.

En el otro bando, en cambio, estarían aquellos más preocupados por materializar los cambios prometidos por el movimiento, sin detenerse a darle muchas vueltas a los costos ni las rutas. Estarían más preocupados por fortalecer el ímpetu y la voluntad política del presidente López Obrador, que por sopesar dictaminaciones técnicas. Para ellos, se vuelve más relevante actuar conforme a los valores que el presidente ha proyectado para su gobierno (como la austeridad, por ejemplo), que medir el impacto y las consecuencias de tales medidas. En síntesis, serían aquellos que prefieren la toma de decisión de acuerdo a liderazgo y buena voluntad.

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Esta diferencia la vimos en la queja de Germán Martínez, cuando señaló que Hacienda sólo quería hacer una “remodelación cosmética” del IMSS, o ahora que Carlos Urzúa afirmó que se están tomando decisiones de política pública “sin el suficiente sustento”. Es como si la pelea entre estos dos bandos dentro de la 4T se redujera al falso dilema entre serle leal a las instrucciones y valores del gobierno del presidente López Obrador o serle fiel a los canales jurídico-institucionales y la evidencia experta.

Sea como fuere, la renuncia de Carlos Urzúa parece sugerirnos que la pelea la van perdiendo los técnicos al interior de la 4T. Sólo nos queda esperar a ver cómo le va a Arturo Herrera, porque él también, como Urzúa, tiene un perfil mucho más técnico.

Como toda narrativa binaria que parece articular la realidad del mexicano, esta diferencia de enfoque para atender un mismo objetivo (el gobernar) me recuerda peligrosamente a la diferencia de estilo entre rudos y técnicos dentro de la lucha libre.

Con información de Noticieros Televisa

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