“El huevón trabaja dos veces” y otros consejos de productividad de mi abuelita

Las abuelitas siempre tienen palabras acertadas
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Estos consejos de mi abuelita no los tiene ni Obama | Foto: Unsplash

La sabiduría ancestral de nuestras abuelitas nunca se ha puesto en duda. Ellas tienen consejos sobre cualquier tema y lo más extraño del asunto es que muy pocas veces se equivocan.

O tal vez me estoy proyectando, porque mi abuelita siempre tuvo las palabras correctas cuando yo necesitaba corregir el rumbo o tomar una decisión importante.

De hecho, al hacer memoria, he recordado los consejos que ella me dio cuando era niño y que me han servido en el ámbito laboral ahora que soy adulto.

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Estas palabras de mi abuelita me ayudaron a aumentar mi productividad en el trabajo | Foto: Unsplash

Específicamente, mi abuelita siempre tenía palabras acertadas para ser más productivo o eficiente en las labores cotidianas. El consejo que más recuerdo es el típico: “el huevón trabaja dos veces”.

Un ejemplo claro de ello es la procrastinación; es decir, dejar todo para después. Uno podría terminar sus actividades con calma, pero prefiere dejar todo al final y trabajar bajo presión.

Básicamente, por “huevón”, uno debe esforzarse al doble por concluir la jornada a tiempo. Esto produce estrés laboral y hasta problemas de salud…

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El estrés laboral puede causarte problemas de salud | Foto: Unsplash

También me acuerdo del refrán que ella tanto repetía en aquel entonces: “al que madruga Dios le ayuda”. Esta frase me hizo mucho sentido cuando empezó la pandemia y el home office.

Si yo empezaba temprano a trabajar, me iba mejor porque terminaba antes y, nuevamente, evitaba el estrés y hasta me quedaba algo de tiempo libre.

En cambio, si me despertaba rayando la hora de empezar a trabajar, todo me salía mal. Comenzar el día trabajando bajo presión no es muy recomendable que digamos. Ocurre lo mismo si sales tarde de casa y vas mentando madres en el tráfico y llegas después de tu hora de entrada y… Nunca es buena idea para la productividad comenzar el día con presiones.

Por último, este no es un consejo, sino una especie de plegaria al Universo, mi abuelita me decía: “maldita hueva, sal de este cuerpo chambeador”.

Ahora me repito estas palabras cuando tengo flojera y me doy ánimos para continuar. Ojalá que a ti también te sirva tanto como a mí.

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