¿Qué son los fideicomisos públicos y para qué sirven?

Los fideicomisos públicos ayudan a mantener la sostenibilidad financiera de objetivos públicos que se consideran relevantes.
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El presidente Andrés Manuel López Obrador ha vuelto a insistir en su política de desaparecer fideicomisos públicos. Señaló en su conferencia mañanera que el gobierno podría hacerse con 50 mil millones de pesos más, si se desaparecen los fideicomisos públicos. El presidente ha impulsado esta estrategia desde abril. Pero, ¿qué son los fideicomisos públicos y para qué sirven?

Primero empecemos por definir lo que es un fideicomiso. Éste es un tipo de contrato que se establece entre un fideicomitente y un fiduciario. El primero le transmite al segundo bienes o recursos, con el fin de que el segundo los administre en beneficio propio o de un tercero. Generalmente, el beneficio del fideicomiso está previamente establecido en la constitución del contrato, y una vez cumplido se estipula también su finalización.

Por ejemplo, cuando un padre de familia quiere asegurar la educación de sus hijos en caso de que él falte, puede acudir a esta figura para contratar los servicios de una empresa fiduciaria a fin de que administre los recursos necesarios para cumplir su objetivo.

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Ahora bien, ¿cuál es la diferencia entre este tipo de fideicomisos y los denominados fideicomisos públicos? En los fideicomisos públicos, el fideicomitente siempre es algún órgano o dependencia de la administración pública, y los fondos o recursos tienen un origen de carácter federal.

“Los fideicomisos públicos considerados como entidades de la administración pública paraestatal, son aquellos que el gobierno federal o alguna de la entidades
paraestatales constituyen con el propósito de auxiliar al Ejecutivo Federal en las atribuciones del Estado para impulsar las áreas prioritarias del desarrollo, que
cuenten con una estructura orgánica análoga a las otras entidades y que tengan comités técnicos”, describe un texto del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas sobre los fideicomisos públicos.

Esto quiere decir que este tipo de fideicomisos no sólo son constituidos por dependencias y con recursos públicos, sino también para perseguir fines y objetivos de beneficio común en el país. Algunos de estos fines pueden ir desde pensiones o prestaciones laborales de alguna empresa paraestatal, pasando por fideicomisos para el desarrollo de infraestructura pública y para otorgar subsidios o apoyos, hasta llegar a aquellos que sirven para la estabilización presupuestaria, entre otros.

En ese sentido, la forma como operan los fideicomisos públicos es que se establecen contratos con instituciones fiduciarias para administrar una cierta cantidad de fondos de la administración federal, con el fin de apoyar en el cumplimiento de ciertas obligaciones o compromisos del Estado. Las instituciones fiduciarias invierten y reinvierten estos recursos para solventar las operaciones necesarias para cumplir reiteradamente el objetivo por el cual fue creado el fideicomiso.

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Pongamos un ejemplo. De acuerdo con las reglas de operación del Fondo Institucional de Conacyt (FOINS), este fideicomiso tiene 6 objetivos distintos, todos encaminados al apoyo y desarollo de la ciencia y la tecnología, tales como el otorgamiento de becas para la formación de recursos humanos especializados, la vinculación de la actividad científica y técnica con los sectores productivos o el apoyo a la divulgación de la ciencia, tecnología e innovación.

Para constituir su patrimonio, el FOINS obtiene rendimientos de los recursos fideicomitidos, así como de aportaciones de terceros y devoluciones o reintegros de los Sujetos de Apoyo del fideicomiso. Estos recursos no pueden destinarse para otra cosa que no sea la consecución de los objetivos del FOINS, así como para los gastos operativos y administrativos del fondo, como los costos relacionados con los servicios bancarios y de gestión del portafolio de inversión con el que el fideicomiso genera sus rendimientos.

Con la administración de estos recursos, un fideicomiso como el FOINS puede ser una gran herramienta financiera para que una dependencia federal como el CONACYT pueda seguir cumpliendo con sus compromisos de desarrollo en materia de ciencia y tecnología. Ya no sólo depende del presupuesto que se le sea asignado para operar, sino que también cuenta con una reserva de fondos que, al estarse invirtiendo y reinvirtiendo, otorgan recursos para el largo plazo.

Pensémoslo así, un fideicomiso público se crea para apartar una cierta cantidad de recursos para satisfacer objetivos públicos que se valoran relevantes y cuya consecución depende justamente de que se les asigne un cierto presupuesto. Este apartado genera rendimientos, para que la operación del fideicomiso y, por ende, de la estructura destinada a ejecutar el cumplimiento del objetivo puedan hacerlo en el largo plazo, por lo menos desde el punto de vista de su sostenibilidad financiera.