¿Qué es el principio de Pareto y cómo se aplica en los negocios?

Este principio nos ayuda a entender que siempre existe una asimetría ineludible en la eficiencia de nuestros procesos productivos
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El principio de Pareto, también conocido como “regla de Pareto” o “regla 80/20”, fue formulado por Vilfrido Pareto, un economista y sociólogo francés quien, a finales del siglo XIX y principios del XX, se destacó por sus contribuciones a estas disciplinas científicas. El principio de Pareto expresa un fenómeno estadístico según el cual las causas de un efecto son producidas por una proporción de 80/20 (de ahí viene uno de sus nombres). Pero, ¿sabes exactamente de qué se trata y cómo se aplica a los negocios?

Según Pareto, se puede demostrar estadísticamente que la producción de cualquier fenómeno social sigue una proporción 80/20. Esto es: el 20 por ciento de sus causas produce el 80 por ciento de sus consecuencias. Y viceversa, el 80 por ciento de sus causas produce el 20 por ciento de sus consecuencias. Esto significaría que aquello que se produce gracias al esfuerzo humano sigue, según la estadística de Pareto, un principio de eficiencia asimétrica.

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Pongámoslo con un ejemplo para que quede más claro. Pensemos en un fenómeno que sea producto del trabajo humano. Un producto o bien, como una mesa. Según el principio de Pareto, un 80 por ciento de la producción de esa mesa tendrá su origen en tan sólo un 20 por ciento del esfuerzo que se le invierta, mientras que el 20 por ciento restante provendrá de un 80 por ciento del esfuerzo.

Si bien es cierto que esto puede parecer poco óptimo, la regla de Pareto se puede aprovechar para sacar ventaja de esta condición estadística. Independientemente de que no necesariamente sea exacta la proporción 80/20, lo importante es reconocer que existe una circunstancia ineludible en la eficacia de nuestros procesos. Pero, ¿cómo se puede jugar a nuestro favor en los negocios?

En primer lugar, hay que aceptar esta asimetría y organizar nuestros procesos y esfuerzos acorde. Por ejemplo, si la regla de Pareto es cierta, entonces podemos empezar por reconocer que el 80 por ciento de nuestras ganancias vendrá del 20 por ciento de nuestros recursos. Entonces, habiendo aceptado eso, lo segundo sería ubicar con exactitud cuál es en concreto ese 20 por ciento: ¿cuáles son las causas más poderosas que producen los resultados que estamos buscando? En otras palabras, ¿cuáles son las fortalezas y debilidades de nuestros mecanismos de trabajo?

Por ejemplo, en el mundo del Marketing, se pueden identificar al 20 por ciento de los clientes que produce el 80 por ciento de las ganancias de una agencia, y así, poner mucho más cuidado en la atención de esos clientes que producen esta proporción. Esto no significa que, una vez descubiertos los clientes más importantes de mi negocio, tenga carta libre para descuidar a los demás. Por el contrario, significa que la proporción de mis esfuerzos, atención y medios tienen que canalizarse de acuerdo a estas fortalezas y debilidades.

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Otro ejemplo es cuando tenemos un negocio que se basa en inventario. Siguiendo la regla 80/20, se pueden clasificar los productos de mi inventario según la proporción que representen como valor total de mis potenciales ventas. Así, un 20 por ciento del inventario es muy probable que represente un 80 de las ventas que realiza mi negocio, mientras que un 80 por ciento representará el 20 por ciento restante. En ese sentido, para hacer más óptima la estrategia de venta, los productos prioritarios de atención y difusión tendrían que ser aquellos que producen el 80 por ciento de mis ganancias.

Si se sigue el principio de Pareto, probablemente sea más fácil optimizar los procesos de un negocio y canalizar de forma adecuada los recursos y esfuerzos. También puede ayudar a planificar las inversiones según las fortalezas así identificadas. Recuerda que lo valioso de la regla 80/20 no es la proporción en sí misma. Esta proporción no necesariamente es exacta.

Lo valioso es reconocer que hay una asimetría en la eficacia de nuestros esfuerzos, por lo que es imperativo identificar las fortalezas y debilidades de nuestros procesos productivos para optimizar recursos y planificar estratégicamente. Para que usando la menor cantidad de nuestros medios a disposición se produzcan la mayor parte de nuestros resultados y evitar colocar la mayor parte de nuestro trabajo en aquello que produce la menor parte de los efectos que buscamos.