¿Qué son los precios de garantía que impulsa el gobierno de AMLO?

Te explicamos qué son los precios de garantía que impulsa el gobierno de AMLO como palanca de desarrollo del campo mexicano.
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El presidente, Andrés Manuel López Obrador, dijo que su gobierno ya sentó las bases para implementar la nueva política del sector agropecuario mexicano, cuyos principales ejes son los créditos a la palabra y los precios de garantía para granos básicos. Recordemos que el objetivo de este gobierno es desarrollar el campo mexicano, específicamente el del sureste del país, así como de alcanzar la autosuficiencia alimentaria, es decir, que el país produzca lo que consume.

Dicho de forma sencilla, el gobierno de López Obrador tiene una política proteccionista para el sector agropecuario, ya que, por una parte, ve con malos ojos que México importe productos primarios y, por otra parte, asume que el desarrollo del sector se puede dar a través de subsidios a los productos. Hay que aclarar que prácticamente todos los países subsidian de una u otra forma a sus agricultores, sin embargo, la mayoría subsidia a los productores más no a los productos, tal como sucede con los precios de garantía.

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Los precios de garantía no son algo nuevo, fueron aplicados en México desde los años 50 hasta los años 80, en un contexto de economías cerradas conocido como “desarrollo estabilizador”; sin embargo a partir de los años setenta, estas políticas se dejaron atrás porque generaron más problemas de los que resolvieron, por ejemplo, generaron dependencia de los productores a los subsidios, impidieron la diversificación de cultivos y en el caso mexicano generaron un sistema de corrupción llamado ‘carrusel’.

¿Qué son los precios de garantía?

Básicamente son un subsidio del gobierno hacia los productores del sector primario (agropecuario), calculada por unidad de producto producida (tonelada en este caso). En este esquema el gobierno incide directamente en el sistema de precios regido por la oferta y la demanda, con la finalidad de generar un precio artificial en los productos subsidiados, que en este caso serían maíz, frijol y leche. El gobierno puede operar como comprador, como intermediario y como subsidiario de los productores.

Hasta el momento, el gobierno de López Obrador ha establecido los siguientes precios de garantía: para el caso del maíz, 5 mil 610 pesos la tonelada; 14 mil 500 pesos por la tonelada de frijol y 8.20 pesos por el litro de leche; las cosechas serán recibidas y pagadas en los almacenes de lo que será la agencia de Seguridad Alimentaria Mexicana (Segalmex), es decir, el gobierno operará como comprador e intermediario.

¿Qué consecuencias generan los precios de garantía en la economía?

Si se consultan los precios de mercado, veremos que los precios de garantía establecidos por el gobierno se encuentran por encima, lo cual genera una distorsión en el mercado, debido a que el gobierno tiene que pagar con dinero público el diferencial del precio de garantía, es decir se subsidia el producto en sí. En este artículo publicado por la revista Alto Nivel se explica a profundidad cómo los precios de garantía generan distorsiones en el mercado.

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Esto por supuesto implica riesgos, ya que una política de este tipo a gran escala puede generar problemas inflacionarios, debido a que los precios de mercado tenderán a ajustarse a los precios de garantía. El problema es que los precios de garantía tendrían que volver a subir para volver atractiva la producción de los productos subsidiados.

Ojo: la espiral inflacionaria se da en un contexto generalizado de los precios de garantía, sin embargo, el gobierno de López Obrador está focalizando el subsidio a alrededor de 2 millones de productores registrados en el padrón de georreferencias, por lo que hay un poco riesgo de que la inflación sea afectada en términos generalizados. Lo que puede pasar es que los precios se afecten regionalmente.

No obstante, los precios de garantía implican un doble subsidio: al productor y al consumidor, en el caso del segundo, el gobierno establece los precios de consumo para evitar que se encarezcan productos derivados, tal como sucedía en los años setenta con el subsidio al maíz y a la tortilla.

Además del gasto público, los precios de garantía generan otro tipo de problemas: a mediano plazo generaría que la diversificación de cultivos se reduzca ya que se estaría incentivando que se produzcan los productos subsidiados. De hecho, se corre el riesgo de que se dejen de producir cultivos más rentables que el maíz o el frijol, como el aguacate o las berries, por ejemplo.

El ‘Carrusel’

La experiencia con los precios de garantía en México trajeron la práctica llamada ‘carrusel’, en donde los productores vendían sus productos a precio más alto de mercado, luego se presentaban como nixtamaleros o productores de tortilla y compraban el producto a menor precio del que vendían como productores. En su columna de El Financiero, Luis Pazos explica el ‘carrusel’ de la siguiente manera:

“[…]le daban la vuelta al mismo maíz que vendían al gobierno vía CONASUPO, con la etiqueta de productores, a un precio superior al de mercado, y después se presentaban como Nixtamaleros, fabricantes de tortillas, y lo compraban a un precio subsidiado, menor al que vendían. Ese mismo maíz lo volvían a vender al gobierno y después a comprarlo más barato varias veces, por ello le llamaban el carrusel’.”

Los intermediarios y la falta de tecnología

Muchos especialistas coinciden en que uno de los problemas del campo mexicano no tiene que ver con los precios de los productos, sino con dos cuestiones fundamentales: la primera son los intermediarios, también conocidos como ‘coyotes’, quienes compran a los productores por debajo de los precios de mercado y venden a precios de mercado. De hecho, los intermediarios son los que han impactado a los pequeños y medianos productores.

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La otra cuestión es la tecnología.Es indispensable que se introduzcan nuevos métodos productivos que generen rentabilidad. En el caso de los cultivos tradicionales se debe dar acceso a un mercado más allá del autoconsumo, por ejemplo, el mercado gourmet u orgánico.

Es decir, se puede subsidiar a los productores para que accedan a tecnologías o a nuevos mercados, en este caso, no se distorsiona el sistema de precios, sino que se impulsa la competitividad y la competencia. En ese sentido, los precios de garantía no necesariamente fomentan la productividad y la utilización de nuevas tecnologías, ya que solo se subsidia el producto.