Opinión:Tiempos de crisis y tiempos de emergencia

El domingo pasado, el presidente anunció su plan de reactivación económica ante la crisis del Covid-19. Hago un análisis de algunos elementos centrales de su discurso.
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Imagen: Unsplash

Hay palabras que tienen un impacto más profundo sobre la percepción de una situación. No hay duda de ello; y es claro que depende de quién, cómo, cuándo, dónde y por qué son enunciadas. Algunas ayudan a hacer inteligible lo que está pasando, pero hay otras que, por el contrario, abonan a crear mayor confusión, porque generan más heterogeneidad de experiencias sobre lo que significan.

Esto último es especialmente cierto en el contexto de lo público y para nociones tan delicadas como “crisis” o “emergencia”, las cuales han acaparado en la actualidad las preocupaciones de todos los países del mundo, a raíz de la propagación del Covid-19. En el caso mexicano, el domingo pasado nos tocó escuchar el plan de reactivación económica propuesto por el presidente López Obrador para hacerle frente a esta contingencia, en medio de un informe trimestral de gobierno.

Independientemente de que esté o no de acuerdo con las medidas anunciadas por el mandatario, me resultó muy particular la forma de articular su discurso ante la nación, precisamente por el juego retórico que giró alrededor de las palabras de “crisis” y “emergencia”, aprovechándose de la confusión a la que ya hice referencia. Por lo tanto, me gustaría centrarme en esto.

En uno de sus trabajos seminales sobre historia conceptual, Reinhart Koselleck hace un análisis sobre los conceptos de “crítica” y “crisis” para entender el contexto político y social que se configuró antes, durante y después de la Revolución Francesa. Uno de sus hallazgos es que el uso de la “crisis”, como una forma de definir una situación, activa una forma de experiencia del presente en la que se percibe que existen condiciones tales que derivarán en consecuencias inevitables; principalmente de transformación y cambio. De alguna u otra manera, los tiempos de crisis profetizan el colapso del modelo político y social imperante, al cual se acusa de ser el propio causante de estas circunstancias.

“Está en la naturaleza de las crisis que los problemas que exigen solución se mantienen sin resolver. Y también está en la naturaleza de las crisis que la solución, aquella que nos depara en el futuro, no es predecible. La incertidumbre de una situación crítica contiene una única certeza – su fin. Lo único desconocido es cuándo y cómo. La eventual solución es incierta, pero el final de la crisis, un cambio en la situación actual – amenazante, temida y ansiosamente anticipada – no lo es. La pregunta sobre el futuro histórico es inherente a la crisis”.

En México, no es nada raro escuchar que vivimos eternamente en tiempos de crisis, con la expectativa de un cambio profundo en la estructura política y social. Esa es precisamente una de las razones por las que López Obrador ganó la presidencia de la República en las pasadas elecciones. No sólo fue uno de los voceros más feroces de los tiempos de crisis en el país, sino también un profeta del cambio. La “cuarta transformación” es justamente esa promesa y el pronóstico de su plan de gobierno. Casi como de una necesidad causal.

No obstante, ¿eso qué tiene que ver con el Coronavirus y el mensaje del domingo? La crisis crea una experiencia del tiempo histórico de largo plazo, que incluso trasciende generaciones. La emergencia, en cambio, es temporal y efímera. La crisis puede instalarse como un tiempo ordinario en la experiencia; en cambio, la emergencia es por definición un tiempo extraordinario. En ese sentido, podemos tener emergencias en tiempos de crisis; el punto es que la emergencia pasará así como llegó, mientras que la crisis requiere de una transformación profunda.

López Obrador habló de estas dos cosas en su discurso del domingo, como si estuvieran conectadas. Con o sin intención de ser vago y ambiguo. En varios momentos dijo que era optimista de que superaríamos esta crisis temporal. Pero también una buena parte de su discurso tuvo su climax en la crisis del modelo neoliberal y neoporfirista. Aquel que ya se convirtió en su emblema retórico, que representa a un orden corrupto y lleno de privilegios.

Para ambos pronostica un futuro prometedor. En el caso de la emergencia sanitaria, apela a la solidaridad y fraternidad nacional como amortiguador de aquello que será transitorio. Mientras que en el caso del modelo político y social clama por tiempos de esperanza, en el que sus medidas de empleo pleno, austeridad republicana, honestidad e inversión pública darán resultados tangibles en 9 meses.

Esto podría dejarnos más claro el horizonte de expectativas que guiaron al discurso del domingo: lo importante es afrontar la crisis – en el sentido estructural y de largo plazo – del modelo neoliberal; sin perder de vista la transformación de la vida pública de México. La emergencia, en cambio, pasará, aunque no necesariamente sepamos cómo saldremos parados de ella. Es ahí donde se vuelve preocupante el plan de reactivación económica propuesto, pues parafraseando al presidente: “es una profundización del Plan Nacional de Desarrollo”. Es decir, continúa operando en el nivel de un plan de gobierno para los tiempos de crisis – tal y como el presidente los ha definido -, aunque el presente exija un programa para tiempos de emergencia.

Carlos Camp Talavera

Sociólogo

Notas

¹ La traducción es mía, de: Koselleck, Reinhart (2000). Critique and crisis: Enlightenment and the pathogenesis of modern society. MIT Press.

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