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Opinión: El plan de rescate económico es que no hay plan de rescate económico

El gobierno de López Obrador corre el riesgo de que le explote una bomba en las manos
AMLO, coronavirus, plan rescate económico
Imagen: Especial

La verdad es que no esperaba mucho del informe que presentó el presidente Andrés Manuel López Obrador y aún así logró decepcionarme. Pensé que iba a presentar medidas que se quedarían cortas dada la magnitud del problema económico que enfrenta México y, por supuesto el mundo, a raíz de la pandemia de coronavirus y a los precios bajos del petróleo por la guerra de precios de Arabia Saudita y Rusia. Pero no, la decepción fue mayúscula porque no presentó siquiera un plan o, si se quiere ver de otra manera, mostró que el plan es que no hay plan.

Algunos opinadores famosos se rasgaron las vestiduras y decían que en lugar de revivir a Keynes, López Obrador había revivido a Milton Friedman con el plan de rescate, pero el problema es que ni siquiera el economista estadounidense respaldaría algo como lo que se presentó. La razón es muy sencilla: ningún monetarista que se respete, promovería desmantelar funciones básicas del gobierno para invertir ese dinero en obras cuya rentabilidad está en duda; por tanto, contrario a lo que sostienen esos opinadores, diría que el plan del gobierno no es ni siquiera ‘neoliberal’.

De hecho, el ‘plan-no plan’ solo es una ampliación de lo que ya había: programas sociales con trasferencias directas; tandas, créditos, inversión y reducción de la carga fiscal a Pemex, aumento de producción de energéticos (¿con precios internacionales bajos?) y las megaobras del sexenio: Tren Maya, Refinería Dos Bocas y Aeropuerto de Santa Lucía. Posiblemente lo único distinto fue el adelanto de las pensiones a adultos mayores y los créditos para pequeñas y medianas empresas de 10 mil pesos.

Tren Maya

Imagen: Especial

Es decir, la posición del presidente y del gobierno es la de “ni un paso atrás” con su política económica, con todo y que el año pasado nos costó ya un estancamiento económico y una caída del PIB de 2% respecto al año anterior, tal como señaló el ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa en su columna de El Universal, la economía mexicana ya estaba enferma antes de la pandemia de coronavirus. No queda claro si esto se debe a que no están dimensionando el tamaño del problema o lo ignoran o, peor aún, a que sus presupuestos y prejuicios ideológicos los ciegan a tal punto que ya construyeron una realidad alterna a los hechos, que los ha llevado a tomar decisiones diametralmente opuestas a las que está tomando el resto del mundo.

¿Y qué está haciendo todo el mundo? Muy simple: planes contracíclicos, esto es, medidas que buscan amortiguar la crisis económica, tales como: incentivos fiscales, aumento del gasto público, créditos para las empresas, entre otras políticas que tienen como objetivo actuar contra el ciclo económico de recesión. En cambio, en México se están impulsando medidas procíclicas, como la negativa a la prórroga de impuestos, la negativa a dar más financiamientos a pequeñas y medianas empresas o el apoyo para el pago de la seguridad social de los trabajadores, que sólo profundizarán la recesión y, en el peor de los casos podrían hacer que el país caiga en una depresión económica, -de ese tamaño es el problema-.

El presidente argumenta que las medidas contracíclicas, así en abstracto, son las causantes de la desigualdad, la pobreza y que además son corrupción, de ahí que tajantemente diga que no va a haber rescate. Aquí López Obrador habla, con cierto nivel de razón, de la experiencia mexicana, específicamente del Fobaproa, pero más allá de la discusión particular de los casos de rescate en México, no se puede inferir que por esa razón todas las medidas contracíclicas deriven en lo que López Obrador señaló; más bien el problema está en otro lado: en la forma en que fueron implementadas (!).

Además, parece ser que López Obrador confunde rescate, condonación de impuestos y medidas contracíclicas, las segundas son sobre todo incentivos fiscales para darle liquidez a las empresas ¿Para qué? Para proteger el empleo. Es decir, los incentivos fiscales de ninguna manera representan condonación de impuestos, sino facilidades para que las empresas puedan sobrevivir en tiempos de crisis y no opten por recortar su fuerza laboral.

Esa confusión ha llevado al gobierno a tomar una posición inflexible en lo fiscal, a lo mucho se ha comprometido a devolver lo más rápido posible lo correspondiente al pago de IVA, algo que no es nuevo, ya que es un derecho establecido en la ley. Sin embargo, el colmo del absurdo es que ha amenazado con proceder jurídicamente contra las empresas que despidan personal, es decir, está atribuyendo toda la responsabilidad de lo que suceda al sector privado.

En contraste, López Obrador sostiene que su plan de reactivación va a generar 2 millones de empleos este año, el problema es que no dice cómo y parecería poco probable incluso en circunstancias de normalidad. Además de que no explica cómo va a proteger los empleos que ya existen y están en riesgo de perderse.

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Imagen: Unsplash

La falacia de falacias del plan económico, bastante cínica por cierto, es la de la ya implementada estrategia de bajar de los precios de los combustibles. Eso, por supuesto es totalmente falso, ya que esto responde a la caída sostenida de los precios internacionales del petróleo, ya que recordemos que los precios están liberalizados, si acaso podría intervenir con el IEPS, pero ese no ha sido el caso.

En síntesis, a la administración de López Obrador le va a explotar una bomba en las manos. Las medidas procíclicas, acompañadas de la crisis externa, van a generar una caída del PIB bastante profunda, las más pesimistas hablan de un 8% tomando en cuenta que Estados Unidos podría contraerse 3 o 4%. Todo esto acompañado de un incremento sostenido del desempleo en el país, que podría superar los 200 mil empleos perdidos en el peor de los escenarios; sin mencionar la baja en la recaudación fiscal que trae consigo el aumento del desempleo y la quiebra de empresas.

A esto hay que sumarle los riesgos macroeconómicos para las finanzas públicas del país, sobre todo por el plan de Pemex y la inminente reducción de la recaudación fiscal. Respecto a la paraestatal petrolera, hay que recordar que anunciaron una reducción de la carga fiscal por 65 mil millones de pesos, todo esto para aumentar la producción de crudo y cobustibles, lo que incluye la nueva refinería y la rehabilitación de las existentes. Esto de ninguna manera es una buena idea, tomando en cuenta que los precios internacionales del petróleo se encuentran muy bajos, lo cual quiere decir de manera simple que: es más caro producir que vender, por lo tanto, al final se van a socializar las pérdidas de la petrolera.

Las medidas tomadas hasta el momento por la administración, van a acabar por acelerar el proceso de degradación de la calificación soberana y de Pemex por parte de las calificadoras internacionales, lo cual va a ponerle bastante presión a las finanzas públicas y a los costos financieros de la deuda mexicana y de su petrolera, cuyas finanzas ya están sobre alfileres. Además de que una baja en la calificación implica mayor riesgo para la inversión, lo cual podría reducir las inversiones en el país, nacionales y extranjeras.

En conclusión, López Obrador pudo aprovechar su amplio capital político para tomar medidas eficientes en esta coyuntura, sin embargo optó por no aprovecharlo, las razones son una caja negra, pudo ser ignorancia, necedad, ideología, negación, disonancia cognitiva, no lo sabemos. El problema es que tarde o temprano tendrá que gastar ese capital político y, todo indica que en el futuro será más costoso y podría reducirse al mínimo, ya que corre un alto riesgo de enfrentar una crisis de gobernabilidad por el colapso económico y por los altos niveles de desempleo, que son el cultivo perfecto para una crisis social.

En ese sentido, tarde o temprano tendrá que tomar medidas y, entre más tarde las aplique más costosas serán para su capital político y, sobre todo, para la sociedad en general. Contrario a lo que piensa, la economía y sus ciclos no son controlables desde la político, solo es posible tomar medidas desde el entorno para amortiguar los golpes inminentes, pero dejar solas a las fuerzas del mercado puede ser devastador; en un contexto así, los que más van a perder son, paradójicamente, los más pobres.

Pedro L. Arana

Sociólogo y editor de Oink Oink

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