¿Qué son las medidas contracíclicas y por qué se usan en tiempos de crisis económica?

Las medidas contracíclicas son instrumentos fiscales que adoptan los gobiernos para hacerle frente a las recesiones económicas
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En México, el tema de las medidas o políticas contracíclicas ha estado en el centro del debate en estos tiempos de crisis sanitaria, principalmente por el rechazo que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha mostrado hacia ellas como mecanismo para hacerle frente a la caída económica en el país; calificándolas de “neoliberales”. Pero, ¿sabes realmente de qué hablamos cuando se mencionan “políticas contracíclicas” y por qué se usan en tiempos de crisis económica?

Antes que empezar a hablar directamente de qué son las medidas contracíclicas, hagamos una pequeña introducción histórica de su origen. Dentro de la Economía como disciplina académica existe una disputa milenaria entre los llamados keynesianos y los clásicos. Si bien es cierto que los modelos clásico y keynesiano se distancian en múltiples temas, para los fines de este texto vale la pena mencionar sólo su diferencia respecto a los ciclos económicos.

Para algunos defensores de la corriente clásica, como la escuela austriaca, entre cuyos grandes exponentes se encuentra Friedich Von Hayek, los ciclos económicos existen por un curso artificial de la economía. Para ellos, los ciclos económicos son artificiales porque, dentro de sus postulados, si se deja actuar libremente al mercado éste tiende a autorregularse y volver al equilibrio. Entonces, sólo la intervención artificial que realizan los Estados, Gobiernos y otros entes como los Bancos Centrales sobre la economía, es lo que provoca las épocas de crisis.

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Por otro lado, para el keynesianismo, los ciclos económicos son inevitables dentro de la economía. De cierta forma, se podría decir que son naturales e inherentes a esta actividad. En ese sentido, es predecible que grandes épocas de expansión, vengan acompañadas de grandes épocas de depresión. La Economía crea sus propias condiciones para el crecimiento y también para la crisis.

Independientemente de quién tenga razón sobre los ciclos económicos o en quién queramos creer más sobre su comportamiento, la diferencia entre estas dos escuelas también se traduce en términos de sus propuestas de política pública. Las formas de resolver los derrumbes económicos se distancian según se apele al modelo clásico o al modelo keynesiano. En ese contexto, se originan las llamadas políticas o medidas “contracíclicas”.

Como ya dijimos, los más ortodoxos defensores del modelo clásico realmente dejarían que el libre mercado operara su propio arreglo ante las crisis. Propondrían que su mejor receta contra la crisis económica sería la no intervención de la iniciativa pública. Y de hecho, un mayor distanciamiento de los entes estatales de las actividades productivas. En ese sentido, las políticas contracíclicas no provienen del modelo clásico o liberal, sino de su contraparte: el keynesiano.

Si para este último modelo, los ciclos económicos son predecibles y, por ende, se pueden esperar épocas de expansión seguidas de épocas de depresión, entonces también se puede planificar la intervención del Estado para hacerle frente a los diferentes momentos del ciclo económico. Las políticas contracíclicas no son otra cosa que adoptar medidas de gobierno que vayan en un sentido contrario al ciclo económico; es decir, gastar poco cuando hay mucho y gastar mucho cuando hay poco.

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Se cree que las políticas contracíclicas sólo se pueden adoptar en la fase negativa del ciclo económico, pero no es así. De hecho, el Banco Mundial asegura que un crecimiento económico sostenible sólo puede suceder cuando se adopta a largo plazo una política de gobierno contracíclica, independientemente si se está en crisis o no.

Explicadas de forma muy sencilla, las políticas contracíclicas significan que el gobierno tendrá una política fiscal más agresiva en épocas de abundancia, gastando poco, cobrando más impuestos y aumentando la tasa de interés, para así ahorrar. En los tiempos de escasez, entonces se adopta una política fiscal flexible, de poco gasto público, estímulos fiscales (poco intereses) y reducción de la tasas de interés, para incentivar el consumo.

De esta forma, aseguran los defensores del modelo keynesiano, y en general los defensores de las políticas contracíclicas en épocas de crisis, se puede sobrellevar de mejor manera una recesión económica. La otra alternativa, que no está asociada al modelo clásico, es adoptar medidas “procíclicas”. Es decir: gastar conforme a la inercia del ciclo económico: mucho cuando hay crecimiento y poco cuando hay crisis.

Sin embargo, para muchos, seguir una política procíclica, si bien puede motivar a un crecimiento más acelerado en épocas de abundancia, se hipoteca la posibilidad de crecer en el futuro. Y peor aún, puede recrudecer las crisis cuando llegan los tiempos de recesión.