Por estas razones, invertir en la bolsa no es lo mismo que apostar

Aunque parecen similares, hay muchas diferencias, te contamos
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No es infrecuente escuchar a personas decir que invertir en la bolsa es como apostar en un casino. Y aunque ambas prácticas requieren elecciones y riesgo, hay diferencias, como el plazo de nuestras actividades y los resultados futuros. Te explicamos.

Inversión

La inversión implica renunciar a nuestro consumo presente para direccionar recursos a activos, como acciones, con la expectativa de generar un ingreso o ganancias. Aquí los riesgos y retornos van de la mano: bajos riesgos se asocian a bajos retornos, y viceversa.

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A su vez, la inversión supone cierta gestión de riesgo a través de la diversificación en distintos activos y distintas clases de ellos, para minimizar las pérdidas potenciales. Regularmente, y pese a los movimientos diarios en los precios de los activos, el mercado recompensa a largo plazo (de cinco años a décadas)  a quienes mantienen sus acciones e hicieron un buen trabajo investigando en qué empresa invirtieron y cuál es su modelo de negocios. En este sentido, los inversionistas pueden recuperar capital si el valor de sus acciones cae, pero una vez que terminan los eventos deportivos, los apostadores simplemente ganaron o perdieron sin la posibilidad de recuperar nada.

Los riesgos, por supuesto, están en que la empresa deje de ser rentable, que la innovación desbanque sus productos, o que se descubra alguna actividad que mine su credibilidad. Las empresas a veces no regresan a sus valores máximos, pero los mercados (por ejemplo, los índices bursátiles) como un todo, sí vuelven.

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El mercado se aprecia a largo plazo, porque la finalidad de las empresas es aumentar su valor, que se expresa en su capitalización bursátil.

Como excepción, tenemos a los inversionistas de corto plazo, o traders, que tratan de beneficiarse intentando predecir los movimientos del mercado. La dificultad es alta, y aunque ellos suelen tener útiles técnicas de gestión de riesgo, su comportamiento puede parecerse en algunos casos al de los apostadores (por ejemplo, cuando empiezan a ver figuras en las gráficas, cabeza y hombros, martillo, etc, el llamado análisis técnico). No obstante, tendríamos qué cuestionarnos sobre el papel de los bancos centrales para crear las condiciones idóneas para que existan personas aprovechando las oportunidades que se crean al alterar la oferta de dinero y de crédito. 

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Apostar

Por el contrario, apostar es adivinar y arriesgar dinero en el corto plazo en torno a eventos inciertos. Los inversionistas ponen su dinero en empresas que producen para el mercado (para producir bienes y servicios que sus semejantes demandan), mientras que el apostador juega su dinero para su propio consumo. 

Aunque los apostadores profesionales son proeficientes en su gestión de riesgos e investigan a fondo las estadísticas e historia de los equipos deportivos, por ejemplo, su proceso es distinto al de los inversionistas que estudian los fundamentales de las empresas. Por ejemplo, la información de las empresas debe ser transparente y abierta al público: cada trimestre están obligadas a presentar un reporte de resultados. Sin embargo, sentándote en el blackjack de un casino, no podrás saber qué pasó hace una hora, un día o una semana en la misma mesa. La información no es cuantificable.

Además, los inversionistas pueden poner un stop loss para que su inversión se venda por ejemplo en un -10% de su capital, para mantener el 90% de su dinero antes de que la inversión siga cayendo. Por el contrario, quien apuesta en el Superbowl no podría recuperar ningún porcentaje de su apuesta.

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En apuestas de casino, el apostador juega contra la casa y tiene pocas posibilidades de ganar. En apuestas deportivas y loterías, los apostadores están unos contra otros, y la cantidad de apuestas determinará los momios. Los momios se determinan por la cantidad de dinero apoyando a un equipo, y cambiarán constantemente mientras dure el juego.

En las apuestas, las posibilidades están contra los apostadores, tal que la probabilidad de perder es usualmente mayor que perder invirtiendo. Los apostadores juegan en una tarde: los inversionistas operan a largo plazo. Es decir, aún teniendo inversiones perdedoras, tenemos más posibilidades de triunfar manteniéndonos en el mercado, que las que tiene una persona que apuesta de forma consuetudinaria.

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