Estas empresas venden servicios de eutanasia en más de 200 mil pesos

Se necesita ahorrar para quien decida la decisión final en el extranjero
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Se necesita demasiada fuerza para la decisión final de la eutanasia y también, ahorrar para ello. En Holanda existe una píldora que cuesta 15 euros (alrededor de 300 pesos) y en Suiza se paga hasta 10 mil 500 euros por la muerte digna (más de 200 mil pesos).

Holanda tiene desde 2002 una ley que legaliza la eutanasia para los casos de pacientes cuyo sufrimiento es insoportable y no tienen perspectivas de mejorar. Existe el caso de Cooperativa de La Última Voluntad que apoya a las personas que sufren enfermedades físicas o mentales y busca que sus miembros puedan comprar colectivamente una sustancia tóxica letal con el fin de que puedan morir cuando ya no deseen seguir viviendo.

Para inscribirse hay que ser mayor de 18 años y pagar una cuota anual de 15 euros (308 pesos aproximadamente). La mayoría son personas de más de 55 años, aunque también hay jóvenes.

Se ha escogido este método porque “la cantidad mínima que se puede encargar de esta sustancia es de unos 500 gramos y se necesitan sólo dos gramos para matar a una persona”, relata el diario El Confidencial.

Lo que está penado en la legislación holandesa es ayudar al suicidio. Por eso la cooperativa no vende directamente la sustancia letal a sus socios, sino que son los propios miembros los que tienen que comprarla colectivamente.

¿En qué otros lugares se paga un suicidio asistido?

De acuerdo con el artículo 115 del Código Penal Suizo, el suicidio asistido es legal, la persona que desea morir también debe estar en su sano juicio y mantener el control sobre el acto. El asesinato por encargo o eutanasia activa se prohíbe en Suiza.

Por ejemplo, la cuota anual de inscripción en Exit ronda los 50 euros. Los costos finales de la asistencia se acercan a los 800 euros. Pero quien recurra a los servicios de Eternal Spirit o Dignitas debe pagar 10 mil y 10 mil 500 euros, más los gastos del viaje. Debido a los altos costos que estas asociaciones piden por sus servicios, se han visto envueltas en denuncias formales ante la justicia sobre la ética de su trabajo, sin que hayan prosperado.

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Este respaldo legal ha impulsado el desarrollo de lo que se conoce como “turismo de la muerte”. Es decir que ciudadanos, sobre todo de Alemania e Inglaterra, aunque también de Francia e Italia, que presenten el certificado médico que avale una enfermedad terminal y que haya pasado por una terapia y todavía sienta ganas de morir, encontrará ayuda en alguna de las otras dos organizaciones que sí prestan los servicios a extranjeros.