Estacionamiento compartido o parquímetros: un dilema urbano

Existe una encrucijada entre resolver la necesidad de lugares de estacionamiento y desincentivar el uso del automóvil en las grandes ciudades
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En las grandes urbes del mundo, el estacionamiento es uno de los problemas más necesitados de resolver en términos de movilidad y transporte. Sin embargo, no es una decisión sencilla, pues la simple designación de más espacios para estacionarse no sólo desplaza las áreas de vivienda, sino también incentiva aún más el uso del automóvil. Eso provoca un aumento del parque vehicular y conlleva más tráfico y contaminación. Por eso, parece que este problema se debate entre dos opciones: el estacionamiento compartido o los parquímetros. Pero, ¿qué es esto y por qué es un dilema?

Una investigación de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Tsinghua en China aborda las ventajas y desventajas de estas alternativas. En prmer lugar, empecemos con el ‘estacionamiento compartido’. El American Urban Land Institute creó el concepto en 1983. Con él se busca un complemento entre el estacionamiento público y el estacionamiento privado.

¿Cómo? Existen muchos negocios, empresas e individuos que son dueños de cajones de estacionamiento privado. Pensemos en los hoteles o restaurantes, por ejemplo. La idea del estacionamiento compartido es que estos dueños ‘compartan’ sus cajones de estacionamiento cuando no los están usando, para que estén disponibles como si fueran estacionamiento público. Por supuesto, a cambio de una tarifa.

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Esta alternativa ha vuelto a adquirir relevancia en muchas ciudades ante la insuficiencia de la construcción de más estacionamientos públicos o la designación de áreas para estacionarse. El aumento de la población y la densidad del parque vehicular parecen hacer imposible la satisfacción de la demanda de estacionamiento.

Yi Liu, el autor de la investigación, resalta las ventajas del estacionamiento compartido. Éste se circunscribe en los beneficios sociales de la economía compartida, donde los medios disponibles en una sociedad (aunque sean privados) se optimizan al colocarse públicamente para su uso, generando una red más amplia de los productos o servicios disponibles que se están demandando. En este caso, un lugar para estacionarse.

En principio, parece ser un ganar para todos. Los dueños de los cajones ganan un ingreso extra, mientras los automovilistas ahorran en tiempo y gasolina al buscar un espacio para dejar su carro. Sin embargo, de acuerdo con el investigador, no todo es miel sobre hojuelas, porque generar mayor disponibilidad de lugares para estacionarse puede disparar el incentivo a usar el automóvil, aumentando el parque vehicular y, por lo tanto, otras externalidades (más tráfico y contaminación). De hecho está demostrado que las emisiones de carbono asociadas al tráfico terrestre son de las que causan mayor impacto en la contaminación actual de las ciudades. Con el estacionamiento compartido, este problema sólo se profundizaría.

Ahora vayamos a la otra alternativa: los parquímetros. Dado el drástico aumento de la contaminación área y otros problemas ambientales, muchos gobiernos han buscado políticas públicas para reducir el uso del automóvil: desde tarifas por la congestión en el tráfico, pasando por el ‘hoy no circula’ en la Ciudad de México, hasta subir artificialmente el precio de la gasolina y del estacionamiento.

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Aquí es donde entra el dilema entre el estacionamiento compartido – o cualquier intento similar por ampliar la oferta de lugares de estacionamiento – y los parquímetros: satisfacer la demanda vehicular o mejorar la calidad del aire de las urbes. Los parquímetros – o cualquier otra clase de aumento a la tarifa del estacionamiento -, así como una reducción en la atención a la oferta de cajones para dejar el automóvil, afectan directamente al incentivo de usar el automóvil.

De hecho, la investigación citada propone que el costo por estacionarse debe de ser equiparable al costo promedio del transporte público, las emisiones asociadas a la congestión vehicular y otras externalidades del uso del automóvil. Así, se motivaría a la gente a usar más el transporte público, pues encontrar estacionamiento sería más difícil y más caro, lo que traería el beneficio social de reducir el parque vehicular en circulación y, por ende, mejoraría la calidad de aire en las grandes ciudades.

En síntesis, la decisión no está tomada y tampoco es sencilla. El estacionamiento compartido efectivamente es una medida efectiva para resolver el problema de demanda de lugares de estacionamiento de las grandes ciudades, pero esto conlleva aumentar la motivación a usar el automóvil. Por otro lado, los parquímetros y otras medidas para desincentivar el uso del automóvil realmente impactan positivamente en el medio ambiente de las grandes ciudades; sin embargo, esto implica ir contra las necesidades del mercado de tansporte privado, pues se reduce la oferta de estacionamiento y, por lo tanto, aumentan los gastos en gasolina y tiempo de los automovilistas por la falta de un lugar para dejar su automóvil.