¿Qué es la escasez digital y cuál es su relación con las criptomonedas?

La escasez digital es una forma de controlar el suminitro de activos digitales, en un entorno que abre la puerta al acceso y duplicación ilimitada de contenidos e información.
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La revolución digital ha significado un gran impacto en nuestras sociedades y estilos de vida. Nos ha dado acceso a un acervo de información que era incomparable antes de la invención del internet y la masificación de las computadoras. Todo al alcance de la mano. Algunos inlcuso han hablado de abundancia digital para describir el horizonte de contenidos ilimitados que potencialmente nos puede otorgar el mundo digital. ¿Por qué, entonces, hablar de escasez digital? ¿Y qué tiene que ver con las criptomonedas?

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No se puede pensar la Economía sin escasez. Muchos dirían que incluso el intercambio y el comercio no existirían si el ser humano no tuviera que enfrentarse con alguna clase de escasez. Es una condición básica que restringe el uso que los individuos y sociedades le darán a sus recursos disponibles, y también lo que determina el precio de los bienes y servicios que consumimos. ‘Oferta y demanda’ no son más que formas de poner en perspectiva el problema de la escasez: ¿cuánto se desea o necesita algo y qué tanta disponibilidad hay de ese algo que se desea o necesita?

“Un hecho que sobresale en el estudio de la economía es que las necesidades y los deseos de las personas por bienes y servicios exceden la capacidad de la sociedad para producirlos con los recursos disponibles, por lo que se dice que los recursos son escasos. En economía, “escasez” no significa que no haya, sino que hay poco en comparación a las necesidades y deseos que las personas tienen”, explica el Banco de México.

El entorno digital parecía encaminarse a romper esta situación, pues al ser mucha más sencilla la duplicación y reproductibilidad de los objetos digitales (archivos), no hay muchos límites a la oferta o demanda de esta información. El mejor ejemplo de ello lo encontramos con la digitalización de la música y el cine. El auge de la piratería de estos contenidos no tiene un parametro comparable antes de la era del internet. Ni siquiera el endurecimiento de la leyes de propiedad intelectual y derechos de autor (Copyright), han logrado frenar el fenómeno de la ‘abundancia digital’.

Este caso ejemplifica a la perfección cómo la falta de escasez afecta drásticamente el precio de los productos. La piratería digital es la mejor muestra de cómo se puede cortar el precio de un bien a su mínimo (incluso hacerlo gratuito) cuando éste se puede reproducir sin ninguna clase de limitante tecnológica o de recursos. Esto supone un reto para todo aquel que busque que un objeto digital adquiera valor monetario, incluso a pesar de las condiciones de reproductibilidad que otorga el propio entorno virtual.

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Aquí es donde entra la idea de escasez digital. Explicado de forma sencilla la escasez digital es crear condiciones dentro del mundo digital que emulen el principio de escasez del mundo físico; superar la facilidad con la que se pueden reproducir los objetos digitales para darles un valor monetario. Es decir, para que puedan regirse por oferta y demanda y no por su posibilidad de ser replicados con simples comandos de ‘copy’ y ‘paste’.

En ese sentido, la escasez digital es una forma de controlar el suministro de recursos y activos de carácter digital. Algo parecido a lo que hacen los bancos centrales de todos los países con la oferta de dinero que ponen en circulación, para evitar que éste pierda su valor. Ahí es donde entran las criptomonedas, aunque más precisamente la tecnología que las sustenta: la blockchain.

Las criptomonedas pueden tener valor, justamente porque crean un ecosistema que garantiza escasez digital. No importa qué criptomoneda pongamos de ejemplo, todas aseguran un suministro limitado del activo, porque gracias a la blockchain impiden que su moneda sea duplicada o reproducida como cualquier otro objeto digital. La blockchain le otorga a cualquier activo un nivel criptográfico de certeza de su autenticidad, sea una divisa que tenga la intención de servir como medio de pago e intercambio, o sea cualquier otra clase de objeto al que se le quiera dotar con una identidad única certificable.

Si se quisiera encontrar un paralelo de esto en el mundo físico, se podría pensar en los números de serie. Desde aquellos que se le imprimen a los productos, hasta los que se ponen en los billetes para evitar su falsificación. La blockchain hace algo parecido: le otorga al objeto digital una red que cerciora que su “número de serie” es único, irrepetible e irreproducible. Con ello, se hace posible crear escasez sobre ese objeto y, por ende, un precio de compra y venta (oferta y demanda) mucho más estable.

 

 

 

 

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