El sistema de pensiones de México califica como uno de los peores en el mundo

El sistema no había experimentado cambios a favor desde 1997
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A finales de junio, el presidente Andrés Manuel López Obrador, propuso modificaciones al sistema de pensiones las cuales implican un paso importante ya que aportarán beneficios a 20 millones de trabajadores formales, también reduce las sumas requeridas do cotización para recibir el beneficio.

En comparación a nivel internacional, el sistema de pensiones de México se encuentra dentro de los peores.
De acuerdo con El Índice Mundial de Pensiones de Mercer Melbourne (MMGPI) México se encuentra con 4.3 puntos de 100. Por debajo se encuentran solamente los sistemas de los sistemas de Filipinas (43.7), Turquía (42.2), Argentina (39.5) y el de Tailandia (39.4).

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Este indicador analiza los sistemas de 37 países con base en tres subíndices y 40 variables. Entre los aspectos analizados se encuentran la tasa neta de reemplazo, las edades para retirarse, el apoyo a través de impuestos, la cobertura de las pensiones gubernamentales y privadas, la regulación, la gobernanza, así como la transparencia hacia los afiliados.

Los bajos salarios, la situación económica, así como la capacidad de ahorro hacen que las expectativas de los trabajadores disten de la realidad.
Según la Secretaría de Hacienda, en México “el bajo nivel de aportaciones genera tasas de reemplazo insuficientes”, en promedio de alrededor de 30% respecto del último sueldo recibido. En caso de aprobarse la nueva reforma de pensiones, la tasa de reemplazo aumentaría un 40%. Esto representa un avance aunque no el suficiente ya que en otros países los trabajadores retirados reciben el 75%.

Fabio Durán Valverde, especialista de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), señaló que “con la privatización de pensiones, en México la cobertura de la fuerza de trabajo se redujo de 37% en 1996 (antes de la reforma), a 30% en 2004”.

Valverde también señaló su informe presentado en marzo del año pasado que las tasas de cobertura se estancaron o disminuyeron, los beneficios se deterioraron, los altos costos de transición crearon enormes presiones fiscales, aumentó la desigualdad de género y de ingresos, de modo que las mayores perdedoras en este proceso han sido las mujeres.