¿Por qué los países nórdicos son ricos? Lo que México debería aprender

¿Te dijeron que los países nórdicos son ricos gracias a su Estado de bienestar y que teniendo uno seremos como ellos? Tal vez lo sean a pesar de él
Imagen: Pixabay

Los países nórdicos se destacan porque cuentan con solidez económica e institucional, en confianza, igualdad o movilidad social. Por esto, importa preguntarnos porqué son ricos, y porqué países latinoamericanos como México no lo son.

¿A qué se debe que los países nórdicos sean ricos?

Los países nórdicas cuentan con un capitalismo de libre mercado que privilegia la meritocracia a través de instituciones sólidas y la búsqueda del consenso.

Entre 1870 y 1950 estos países tuvieron un gran progreso económico debido a una revolución liberal y capitalista. Sus empresas no nacieron “protegidas” del mercado exterior, como ocurrió con la política de industrialización por sustitución de importaciones en México y el resto de América Latina durante el siglo pasado, y que el gobierno actual insiste tanto en revivir.

En los años noventa, por ejemplo, la izquierda se oponía al tratado de libre comercio porque decía que iba a destruir la industria en México, y hoy el presidente se opone a la apertura en materia energética, que permite que los energéticos como la electricidad o la gasolina cuesten lo que tengan que costar.

Por el contrario, estas empresas existieron compitiendo en el mercado internacional, y a pesar de no tener los sacrosantos recursos naturales que nuestros gobiernos nos insisten en que son estratégicos y que por tanto deben ser nacionalizados y expropiados.

A su vez, la sociedad de estos países promueve valores tradicionales, pues se trataba de países compuestos por campesinos libres y con acceso a la propiedad privada. Además, se apostó por un gobierno limitado que apostara por la educación de su pueblo.

En los países nórdicos, por ello, no se juzga a las personas en función de sus apellidos o contactos, sino por sus méritos y capacidades. Aunque los nórdicos sean ricos, saben que provienen de campesinos pobres y esforzados, lo que hace que rechacen el privilegio y la ostentación. Estando en países con un duro y largo invierno, conocen el valor del esfuerzo y no se dejan llevar por las promesas de trabajo fácil.

Imagen: Pixabay

¿El Estado Benefactor hace que estos países sean más ricos?

En América Latina una y otra vez nos prometen que seremos tan ricos como los países nórdicos haciendo lo que ellos hacen: teniendo un Estado benefactor enorme.

No obstante, la historia de Suecia, país que puso un Estado benefactor gigante en los años 1960 que para los años 90 representó dos terceras partes del PIB no debería ser ejemplo de nada. Este modelo, que era el de un gobierno metido en la economía y que redistribuía todo tipo de derechos sociales, generó una crisis sin precedentes que orilló a que el país bajara los impuestos y recortara el gasto público para priorizar el sector privado.

Este modelo quebrado, que es el que sueña la izquierda latinoamericana, fue dejado de lado para quitar los monopolios estatales en educación, salud y otros servicios básicos, dejando que haya una colaboración pública y privada. En los países escandinavos, desde la producción y el suministro eléctrico, hasta el correo y las telecomunicaciones son privados.

De este modo, hay una economía capitalista, que por otro lado busca la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades. Este es el aporte que gobierno y oposición tomaron al reformar el Estado de bienestar. La excepción a la regla en la crisis del Estado Benefactor la tiene Noruega, que es un país que cuenta con una inmensa riqueza petrolera.

¿Qué debería aprender México sobre los países escandinavos?

Aunque estos países son el ejemplo de la izquierda para hablar de un socialismo que “funciona”, la realidad es que la derecha mexicana está a la izquierda de esta izquierda escandinava. Aunque en su precandidatura Bernie Sanders insistió que su modelo de gobierno sería este socialismo democrático, el ex primer ministro sueco Carl Bildt lo desmintió señalando que en aquél país la prosperidad radica en el libre mercado y no en la redistribución.

De este modo, la enseñanza más valiosa es que para poder redistribuir riqueza primero el gobierno tiene que generar las condiciones para producirla. Y luego, que gravando a quien trabaja para subsidiar a quien no lo hace es un castigo que se paga perdiendo la riqueza que habíamos creado anteriormente.

Por tanto, para ser tan ricos como los países escandinavos debemos crear las condiciones para generar riqueza, dando certeza a los inversores (en vez de ahuyentarla cancelando inversiones, como Constellation Brands o Texcoco), brindar igualdad jurídica, así como recortando el gasto público para que la gente tenga más de su propio dinero en las manos (en vez de recortar para que el gobierno gaste en otras cosas, como está pasando), así como promover una cultura del esfuerzo, la competencia y el trabajo duro.

 

 

Publicidad