¿Por qué el sistema de salud de México no es como en Dinamarca?

Es importante pensar porqué decretar la gratuidad de los servicios médicos no nos convierte en Dinamarca; te explicamos
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El pasado 1 de diciembre de 2020 se cumplió el plazo que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) puso para que, en sus palabras, el sistema de salud de México funcionara como el de Noruega, Dinamarca, y otros países. Por otro lado, desde el 30 de noviembre de 2020, se decretó la gratuidad de los servicios de salud en México. Por este motivo, más allá de la broma, resulta interesante preguntarnos las diferencias entre ambos sistemas de salud.

¿Cómo funciona la salud en Dinamarca?

La promesa de que México sea como Dinamarca es muy fácil si solo nos limitamos a los resultados sin ver las instituciones detrás. Es decir, qué hicieron para ser ricos en vez de querer copiar lo que hacen cuando ya son ricos. En otra nota ya te contamos porqué los países nórdicos son ricos.

En esta ocasión es necesario recordar que los sistemas de salud en estos países no es 100% “gratuita” en todos los casos o todos los servicios, pues aunque hay salud pública, esta incluye una importante participación privada, a diferencia de lo que quisiera el gobierno mexicano. Además, en estos países, la gente es capaz de pagar 60% o más de impuesto sobre la renta, aunque esto no implica que pierdan la flexibilidad y apertura para hacer negocios.

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Presupuesto para salud en México

En 2020 el presupuesto a Salud se incrementó en 4% con respecto al 2019. Para 2021, habrá un aumento presupuestal del 13%, por 145 mil millones de pesos. No obstante, este incremento debe tomarse en cuenta que 33 mil millones dueron tomados del Fondo para la Salud y el Bienestar, originalmente para la cobertura de gastos catastróficos del Seguro Popular. Con esto, el gobierno habría presupuestado 112 mil millones de pesos, 13% menos que en 2020.

Otro problema que tiene México es que el 50% de la población no tiene acceso a un servicio médico institucional, y que quienes sí lo tienen, pagan medicina privada en muchos casos. Esto supone un doble pago, ya que no se puede renunciar a la aportación del IMSS.

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¿En qué consiste el proyecto de salud del gobierno mexicano?

El gobierno mexicano claramente no está pensando en los modelos nórdicos, sino en otros latinoamericanos, que funcionan con modelos 100% públicos, como en Cuba, donde la cacareada salud pública de primera es solo para el dictador y los turistas que pueden pagarla.

Por otro lado, el gobierno está apostando por la medicina preventiva o de primer nivel, pero a costa de que la medicina de alta especialidad y los Institutos Nacionales de Investigación o de tercer nivel reciba menos recursos públicos. En contraste, Dinamarca invierte en ambos niveles, priorizando el tercer nivel.

Para hacer frente a la falta de acceso a la salud, el presidente decretó la gratuidad de los servicios sanitarios, donde tampoco se podrá pedir a los pacientes comprar medicamentos con su propio dinero.

Aquí entra un tema fundamental en la política económica, pues suena muy bien para el ciudadano que no está informado que le digan que nadie va a pagar, pero en la vida nada es gratis, pues alguien más absorbe los costos.

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¿Qué consecuencias podría haber?

Con el presupuesto anterior, es todo un misterio de dónde se va a pagar esta pretendida salud pública, o si seguirá la política en la que los derechohabientes deben marcar para preguntar si ya surtieron su medicamento, pues no son solo los niños con cáncer a quienes no les han surtido.

Y aquí podrá decirse que no puede arreglarse el “cochinero” de 80 años de gobiernos pasados. Incluso podríamos excusarnos en que hubo una pandemia y que “no podía saberse”, aunque desde noviembre 2019 supimos del virus.

El problema es que el desabasto de medicamentos es reciente y surgió de la aplaudida guerra contra las farmacéuticas que vendían medicamentos al gobierno (antes del Covid-19), siendo acusadas por corrupción y sobreprecio, sin poder aún abastecer la demanda.

Esta política de dar todo gratis a todos solo aguanta hasta que el presupuesto pueda tolerar. Mientras que el presidente piensa que decretando la gratuidad, todo mundo alcanzará medicamentos, la realidad es que los recursos son escasos y debe haber algún método para asignarlos de la mejor forma posible. La decisión final de a quien entregar recursos y a quien no quedará en manos de los hospitales, y así, el presidente se lavará las manos. Esto no ocurre en Dinamarca, querido lector.

Por último, cabe recordar que este gobierno desapareció el Seguro Popular, un modelo que solicitaba una aportación del asegurado para ser atendido para crear al Instituto de Salud para el Bienestar (Insabi) por decreto a principios de este año, sin reglas de operación, y con autoridades hospitalarias confundidas.

 

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