Economía verde o de cómo no morir asfixiados en el intento

La Economía Verde se caracteriza por el compromiso con la promoción de procesos productivos más eficientes, limpios y que disminuyan la huella ecológica que afecta al planeta.
Imagen: Especial

Ante los riesgos ecológicos y humanos de un modelo económico despreocupado por las consecuencias ambientales de su actividad – y si no me creen, pregúntele a su chilango de confianza cómo lloran sus ojitos en los días de contingencia -, ha surgido un paradigma para el desarrollo que busca posicionarse como alternativa. Lo conocemos como Economía Verde.

De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Ambiente (UNEP, por sus siglas en inglés), la Economía Verde se caracteriza por el compromiso con la promoción de procesos productivos más eficientes, limpios y que disminuyan la huella ecológica que afecta al planeta. Esto implica, entre otras cosas, buscar maneras de limitar el desperdicio de recursos al mínimo; es decir, tratar de que todos los insumos que intervienen en la producción de cualquier objeto de consumo sean utilizados.

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Pero también significa implementar mecanismos de producción que sean cada vez menos contaminantes y que abonen al aseguramiento de bienes vitales para todos (como el agua o el aire que respiramos). Imagínate que el costo ambiental de tu hamburguesa favorita fuera más alto que el precio en dinero que realmente pagas por ella. Bueno, pues eso es exactamente lo que sucede dentro del modelo económico actual.

La Economía Verde busca remediar estos efectos colaterales de la actividad productiva, poniendo una atención especial en los problemas asociados al cambio climático y la escasez de recursos estratégicos, sin obstaculizar el desarrollo económico. Con esto, se pretende hacer de la economía una actividad sustentable, es decir, que no agote sus recursos sólo en las necesidades del presente, sino que los garantice a lo largo del tiempo, al mismo tiempo que mitiga los efectos negativos de la explotación económica, sin frenar los beneficios que derivan de ella.

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En esta línea se encuentran los esfuerzos por generar fuentes de energía alternativa (como la eólica o la solar), los coches híbridos y eléctricos o ponerle precio a las emisiones de carbono. ¡Sí, así como lo oyes, las emisiones de carbón cotizan en la bolsa y también son fuente de impuestos!

Para los defensores de la Economía Verde, no basta con que la actividad económica esté orientada a la producción de riqueza o a la satisfacción del consumo sin importar el costo. También es imperativo que integre una visión a largo plazo referente a la salud, el medio ambiente y la sustentabilidad futura. Es como si al organizar una comida con tus amigos usaras una fogata para calentar las tortillas y la única solución fuera tirar parte de la comida que hiciste sólo porque dos de ellos faltaron de última hora.