Te explicamos qué es la economía de las propinas

Un estudio realizado por un investigador de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, en Israel, muestra los efectos económicos de la propina
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Un investigador del departamento de Administración de Negocios de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, en Israel, realizó un estudio para entender las implicaciones económicas de la propina. Según él, era un esfuerzo necesario, pues se conocían estudios desde la psicología para entender las motivaciones para darla, pero la Economía no le había dado mucha atención al fenómeno.

Pensado de forma muy sencilla, la propina se puede entender como el pago que un consumidor realiza por el servicio recibido. Sin embargo, este pago se diferencia de otros que también se otorgan al recibir un servicio porque es discrecional. ¿Qué quiere dedir esto? Que no es obligado y que puede variar de situación en situación. El dar propina no es mandatorio en todos los lugares y tampoco está estipulado por ley. A lo más, llega a ser una norma social que se espera sea cumplida (como decir “por favor” y dar las gracias).

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A pesar de ello, las propinas generan un volumen considerable de flujo económico. El investigador del estudio calcula que sólo en la industria de la comida en Estados Unidos, las propinas ascienden a unos 47 mil millones de dólares al año. Estos ingresos se distribuyen entre unos 2.6 millones de servidores y 610 mil bartenders, ocupaciones en las que las propinas son una fuente de ingreso muy predominante.

Históricamente hablando, no hay un consenso sobre cuándo inició el dar propinas. Algunos sugieren que la práctica es tan antigua como la era romana. Otros, que surgió en el Medioevo. Sea cual sea el origen, todo parece indicar que la propina era usada como una recompensa al recibir un buen servicio, o bien como un incentivo para recibirlo. En lo que sí parece haber más acuerdo, es que la propina fue una práctica originada en Europa y exportada luego a Estados Unidos.

Desde su llegada a este país, la propina generó mucho ruido, precisamente por su diferencia con otro tipo de transacciones, como el sueldo. A principios del siglo XX, la práctica de dar propina incluso fue abolida en algunos estados del país del norte, pues se consideraba como algo que creaba una “clase sirviente”, ya que dar propina parecía ser algo más cercano a la caridad que el recibir un sueldo por realizar un trabajo. Asimismo, muchos empleadores quisieron aprovecharse de esta práctica para tener márgenes de ganancia mayores, ya fuera cobrándoles a los servidores por darles la oportunidad de trabajar en sus negocios, o bien expropiándoles un porcentaje de la propina recibida.

Sea como sea, la propina permaneció como una norma que se extendió en prácticamente todo el mundo, aunque con expectativas muy variadas. Desde las condiciones para darla (siempre, o sólo cuando se recibía un buen servicio), pasando por los servicios donde es correcto concederla (sólo a meseros, o también a todo tipo de prestadores de servicios, como taxistas y choferes de autobuses), y hasta cuánto era lo correcto (un margen que puede ir del 10 y hasta el 25 por ciento en algunos países).

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Uno de los resultados a los que llega la investigación es que, en general, las principales motivaciones para dar propinas son sociales o psicológicas, pero no realmente económicas. La razón es muy simple: es muy difícil que el consumidor vuelva a encontrarse con aquel que le presta el servicio por el que paga una propina; es decir, al dar propina, el consumidor no asegura que el prestador de servicio le otorgue un mejor servicio en el futuro, puesto que es muy improbable que el consumidor y el prestador de servicio vuelvan a cruzar caminos. Nada garantiza, pues, que se reconozcan mutuamente si se vuelven a encontrar y, por ende, no hay ninguna razón para pensar que el consumidor estaría garantizando un mejor servicio el día de mañana por el simple hecho de que el día de ayer otorgó propina.

Por el contrario, la encuesta realizada por el estudio, muestra que las tres principales razones para dar propina son: “porque es una norma social”, “para mostrar gratitud” y “porque el ingreso de los meseros depende de las propinas”. En ese sentido, la propina sería una especie de “renta” que gana el prestador de servicio y no algo que surge de un consumidor “frío”, “egoísta” y “calculador”.

Esa renta siempre puede ser fuente de controversia, ya sea porque para muchos crea prácticas que remiten a distinciones sociales que les parecen indeseables, sea porque esa renta es “apropiada” por la cara final del servicio que se presta (por ejemplo, que sólo los meseros reciban propina, pero no los cocineros) o bien porque existe la tentación de que los empleadores busquen la forma de aprovecharse de ese ingreso extra.

El asunto no se puede resolver tan fácilmente, porque el estudio demuestra que el dar propina no se guía por razones económicas, pero crea todo un flujo económico importante. Entonces, la solución tampoco es que la propina se agregue al precio final del producto y luego se distribuya como sueldo, pues al final del día, el consumidor preferirá tener control sobre si un servicio merece ser recompensado o sobre cómo mostrar su generosidad frente a un prestador de servicio.