El desempleo por la automatización en la ‘Cuarta Revolución Industrial’

La automatización de muchos sectores del entorno laboral amenaza con generar condiciones para una nueva ola de desempleo tecnológico.
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Es una obviedad decir que la tecnología transforma a la sociedad de manera profunda. No sólo porque modifica los patrones de consumo, la forma de relacionarse o el estilo de vida de la gente, sino también sus entornos laborales. Casi hasta se podría asegurar que una “regla” histórica es que el cambio tecnológico conlleva cambios estructurales en el trabajo. Los tiempos recientes no son una excepción. De hecho, no es desventurado decir que incluso suceden más frecuentemente que en otras épocas. Concentrémosnos en ello: ¿cuáles han sido los efectos más significativos de la llamada cuarta revolución industrial?

Desempleo tecnológico

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Antes de comenzar, empecemos por definir lo que es el desempleo tecnológico. En todas las épocas, las nuevas tecnologías generan una paradoja dentro del entorno laboral: crean nuevas áreas de oportunidad para la eficiencia, la productividad e incluso el empleo, pero también hace caducas tareas e incluso áreas completas del trabajo. El desempleo tecnológico precisamente manifiesta esto último:

“El desempleo derivado del progreso técnico. Esto aplica para tipos particulares de trabajadores, cuyas habilidades se han hecho redundantes debido a los cambios en los métodos de producción, usualmente asociados a la sustitución de sus servicios por los de máquinas. El progreso técnico no necesariamente tiene por consecuencia un incremento en el desempleo general de un país”, manifiesta el Oxford Dictionary of Economics, de acuerdo con un artículo de Riccardo Campa.

Es importante no creer que el desempleo tecnológico implica un decrecimiento del empleo en términos generales. Más bien, expresa cómo la inclusión de nuevas tecnologías produce una pérdida sólo en ciertas áreas de trabajo. Sin embargo, la gran mayoría de las veces esto viene acompañado con la creación de nuevos puestos y tareas.

Probablemente uno de los mejores ejemplos históricos de estas transiciones tecnológicas estuvo expresado en el Ludismo. Durante la primera revolución industrial, los luditas se hicieron famosos por ser los primeros destructores de las máquinas que amenazaban sus fuentes de empleo. No obstante, transiciones semejantes han sucedido en otros momentos de la Edad Moderna, tal y como lo señala Riccardo Campa.

Para ponerlo en perspectiva, volteemos a ver el ejemplo de Estados Unidos, Campa señala que casi un 40 por ciento de los trabajos del primer sector (agricultura) se evaporaron en el siglo XX, entre el 1900 y el 2000. Para inicios de este siglo, el 41 por ciento de la población estadounidense estaba empleada en la agricultura, mientras que para el cambio de milenio sólo lo estaba el 2 por ciento.

Algo similar sucedió con los empleos de las actividades secundarias de la economía (la manufactura) en los últimos 50 años. En 1980, el 22.5 por ciento de la población del país del norte se ocupaba en este sector. Este porcentaje se ha rebajado hasta el 10 por ciento hoy en día, y se espera que siga disminuyendo hasta llegar a un 3 por ciento para el 2030.

El caso de la Cuarta Revolución Industrial

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Se ha denominado “Cuarta Revolución Industrial” a la profundización de la era digital en todos los aspectos de la vida humana. En el aspecto laboral, esto implica la inclusión de tecnologías asociadas a la Inteligencia Artificial, Blockchain, computación cuántica, nanotecnología, entre otras innovaciones. Podemos decir que es una profundización de la era digital, porque conlleva un mayor deseo por automatizar los sectores productivos. Al grado de que los sistemas inteligentes puedan ser capaces de tomar decisiones al vuelo y de forma autonóma.

Pero, ¿qué consecuencias ha traido y traerá la automatización del entorno laboral? Como bien se lo pueden imaginar: una nueva ola de desempleo tecnológico. De acuerdo con un reporte de 2018 del Foro Económico Mundial – de nombre “El futuro del empleo“- en el 2018 la relación entre el trabajo realizado por humanos y máquinas era de 71% y 29%, respectivamente. Para el 2022 se espera que esta relación pase a un 58% de trabajo humano contra un 42% de trabajo automatizado. En 2025, se prevé que esta relación se invierta, y el trabajo humano sea sólo el 48% y el trabajo automatizado represente el 52%.

Con todo, algo que parece que será muy diferente con la cuarta revolución industrial es que el desempleo tecnológico sí tendrá un efecto mayor en el desempleo en general. Viéndolo en perspectiva, de acuerdo con un estudio que cita el Foro Económico Mundial, dentro de las industrias que han adoptado alguna clase de automatización, la pérdida de empleo entre los años de 1947 y 1987 fue de alrededor de un 17 por ciento; mientras que las nuevas oportunidades que se crearon en esos mismos años – gracias a la inclusión de nuevas tecnologías – representó un 19 por ciento. Es decir, a pesar del desempleo tecnológico asociado a estos procesos, hubo una ganancia real en oportunidades laborales del 2 por ciento.

No obstante, el panorama empieza a ser más desolador a medida que nos acercamos al presente, pues entre los años de 1987 y 2016, el desplazamiento de mano de obra humana fue del 16 por ciento, mientras que la creación de nuevos puestos o tareas tan sólo fue del 10 por ciento. Es decir, una pérdida real de 6 por ciento de puestos de trabajo. Estos efectos serán especialmente sensibles entre los trabajadores menos especializados, afirma el mismo estudio. Esto significa que, en el futuro muy cercano, un factor que será determinante para las sociedades y los gobiernos en materia laboral girará en torno a cómo reemplazar los empleos pérdidos a causa de la automatización, pues impactará especialmente a las personas más vulnerables.