Derivados climáticos: inversiones que dependen de fenómenos metereológicos

Los derivados climáticos son instrumentos financieros que se usan como coberturas al riesgo de cambios en las condiciones metereológicas
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“Invertir en el clima” a lo mejor no te suena a algo realizable. En el mejor de los casos pensarías que es algo extravagante. En el peor, una tomada de pelo. Pero no es así, dentro del mundo financiero existen instrumentos cuyo valor deriva directamente de las condiciones meterológicas. Se le llaman “derivados climáticos” y aquí te vamos a contar qué son, cómo funcionan y para qué se utilizan.

Antes de hablar directamente de los derivados climáticos, empecemos por dar una pequeña explicación sobre lo que son los derivados en general. Los derivados son activos financieros cuyo valor ‘deriva’ (de ahí su nombre) del valor de otro activo. Este último puede ser un activo real (maíz, petróleo, oro, etcétera) u otro activo financiero (acciones, bonos, índices, etcétera).

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Esto significa que los derivados sirven para especular acerca del comportamiento que tendrá el precio de sus valores subyacentes – los activos con los que está relacionado el precio del derivado -. Hay diferentes tipos de derivados y cada uno establece diferentes condiciones para el tenedor: opciones, futuros, swaps, entre otros. Sólo por poner un ejemplo, los futuros son derivados que obligan al tenedor a comprar o vender (dependiendo las condiciones del contrato) el valor subyacente a un precio y fecha futuros fijados con antelación.

Entonces, ¿qué son los derivados climáticos? Son instrumentos que derivan su precio de las variables del clima, como la temperatura, la lluvia, la nieve, etcétera. Como otros derivados, también se usan como una especie de coberturas a ciertos riesgos. En particular a los riesgos asociados a la incertidumbre sobre las condiciones metereológicas. Para muchos de sus compradores funcionan como seguro ante las posibles afectaciones fnancieras que el clima pueda tener en sus negocios.

Dos casos paradigmáticos del tipo de empresas que compran derivados del clima son las de agricultura y de energía. En el primer caso, por ejemplo, cuando se anticipa que habrá una mala cosecha debido a la falta de lluvia o a las heladas de temporada. En el segundo caso, cuando se considera que en una estación del año se tendrán menos ganancias debido a la expectativa de temperaturas más bajas o más altas de lo normal.

Pero, se preguntarán, ¿por qué las empresas no simplemente contratan seguros? Porque no existe un mercado de coberturas que proteja de las variaciones del clima. De hecho, si somos precisos, los derivados climáticos realmente no se utilizan como coberturas a las condiciones climáticas, sino a las variaciones de la producción o consumo de ciertos bienes como consecuencia de los cambios metereológicos.

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Ahí es donde entra el mercado de derivados, porque se puede establecer una relación entre una variación en el clima y en la producción o consumo de los bienes afectados por esa variación. Dentro de estos instrumentos financieros hay diferencias. Existen los contratos de futuros y opciones en clima que se anclan a índices de calor y de frío, conocidos como HDD y CDD (Heating Degree Day y Cooling Degree Day, respectivamente).

Con estos índices se establece una temperatura promedio a partir de la cual no es necesario tener aire acondicionado o calefacción, y eso refleja el valor de los derivados, porque implica menos consumo de energía en ambos casos (por poner el ejemplo energético). Otros derivados climáticos están enlazados a fenómenos metereológicos más concretos, como la lluvia o la nieve. Desde la cantidad de huracanes para una cierta temporada hasta la velocidad del viento sirven como datos para establecer el valor del derviado climático.

De acuerdo con el Chicago Mercantile Exhange (CME) – el mercado de derivados más grande del mundo – la primera transacción que se hizo con un derivado climático fue en 1997. Además, señalan que el crecimiento de este mercado se ha logrado gracias a la convergencia entre el mercado de capitales y de seguros. Con el crecimiento de los bonos para catástrofes, para CME Group era natural que también hubiera una extensión hacia los derivados del clima.