China, el gigante dormido que podría acabar con el dominio unilateral de EE.UU.

El gigante asiático es un gigante dormido tanto en términos económicos, como militares y, en cualquier momento podría despertar y acabar con el 'unilateralismo' de Estados Unidos, que impera, prácticamente desde el fin de la Guerra Fría.
Imagen: Especial

La potencia emergente por excelencia es China y Trump lo sabe, de ahí que su estrategia de guerra comercial esté concentrada en el gigante asiático. Sin embargo, el país asiático es un gigante dormido tanto en términos económicos, como militares y, en cualquier momento podría despertar y acabar con el ‘unilateralismo’ de Estados Unidos, que impera, prácticamente desde el fin de la Guerra Fría.

El despunte de China comenzó, paradójicamente en 1989, con la caída del Muro de Berlín, cuando empezó a generar políticas económicas basadas en las operaciones del mercado, es decir, aprendió de los errores de la extinta Unión Soviética. China entendió que era imposible despuntar económicamente sin tomar en cuenta la información que se genera en los mercados y que en una economía centralizada por el estado es imposible observar.

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Pero este crecimiento de China no ha sido color de rosa, al ser un país con un sistema político socialista, el gigante asiático ha sido capaz de distorsionar su mercado al interior, ya que el gobierno central puede movilizar mano de obra, bajar los salarios, aumentar la productividad e incluso, mantener su divisa a la baja para aumentar su competitividad. Esto por supuesto ha sido atractivo para la inversión extranjera, la cual ha instalado grandes cadenas de suministro en China y ha aprovechado los beneficios de la mano de obra barata y la falta de libertad sindical.

En su política monetaria, China lleva años manipulando su divisa, lo que le ha dado un crecimiento económico exponencial y, al mismo tiempo tramposo. Dichas medidas de distorsión son conocidas como: “política de empobrecer al vecino” (Beggar-thy-neighbor), la cual consiste en devaluar la divisa a la baja intencionalmente en los mercados internacionales para evitar una apreciación competitiva cuando se desacelera la economía, aumenta el desempleo o el país entra en una recesión y así poder tener ventajas en el comercio internacional; a esto hay que agregar que China aprendió a desarrollar su propia tecnología con base en los grandes volúmenes de manufactura que se establecieron en su país, Huawei es el ejemplo más claro.

Esta medida permite alcanzar un crecimiento económico rápido a través de un volumen alto de exportaciones que son abaratadas por una divisa que se encuentra a un precio por debajo de su valor real de mercado. Este tipo de medidas han generado que otras economías, principalmente las occidentales se encuentren en desventaja frente a China, que hasta hace poco se encontraba al margen de las grandes instituciones globales de regulación económica. 

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El crecimiento exponencial de China y el aumento de influencia en la esfera geopolítica han puesto al gigante asiático como una de las potencias emergentes que podrían acabar con el ‘unilateralismo’ de Estados Unidos y, abrir una nueva fase multilateral en donde actores nuevos como Rusia, India, y China misma representen bloques opuestos a las potencias occidentales.

De hecho, China se está preparando para ser un actor preponderante en el escenario global, por eso, por ejemplo, ha empezado a acumular materias primas estratégicas conocidos como ‘rare earths‘ y que son indispensables para el desarrollo tecnológico del futuro. Políticamente, el gigante asiático está buscando consolidar un sistema imperial entronizando al actual mandatario Xi-Jinping, es decir, China busca evitar los “inconvenientes” que enfrenta la democracia occidental.

Finalmente, el BancoCentral de China ha aumentado sus reservas de oro para lograr la convertibilidad de la moneda del pueblo (yuan/renminbi), esta estrategia es contraria a la que siguen algunos países europeos y Estados Unidos quienes compran papeles soberanos de países con problemas económicos cuya deuda podría volverse impagable. En ese sentido, el gigante dormido podría despertar en cualquier momento y hacer retumbar el mundo.

Con información de El Economista