Lo bueno, lo malo y lo feo de la reforma al sistema de pensiones de AMLO

Ante la crisis de pensiones que se avecina en México, la propuesta presentada por el gobierno de AMLO supone ventajas, pero también preocupaciones que atender.
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El presidente Andrés Manuel López Obrador, junto con el Secretario de Hacienda, Arturo Herrera, anunciaron su proyecto para reformar el sistema de pensiones. La iniciativa cuenta con el acuerdo del sector empresarial y obrero, destacando la participación de Carlos Salazar Lomelín, quien funge como presidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE). De esta propuesta, te contamos lo bueno, lo malo y lo feo.

Lo bueno

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El tema de las pensiones es una cuestión que ronda las preocupaciones de todos los países, no sólo de México. Dos de las razones de esta crisis anunciada son la cantidad de años que exige la cotización para el retiro (más de 20 años), y la caída del financiamiento en el sistema de pensiones por el envejecimiento paulatino de las sociedades. Pues bien, la propuesta presentada ayer para reformar el sistema de pensiones pretende atacar precisamente estos dos obstáculos.

Por un lado, se buscaría rebajar el tiempo necesario para la jubilación. Se pasaría de una cotización obligatoria de 1,250 semanas, o 25 años, a 750 semanas . El equivalente a 15 años. Por otro lado, se aumentaría el financimiento del Sistema de Ahorro para el Retiro, pues se plantea un aumento paulatino a la cuota patronal de casi el 10 por ciento, pasando del nivel actual de 5.5 por ciento a un 13.8 por ciento.

Esto significaría un aumento de la pensión de los trabajadores. El gobierno de México calcula que se podría aumentar el valor de esta prestación hasta en un 40 por ciento. Con esto se buscaría que la pensión se acerque lo más posible al salario que actualmente perciben los trabajadores. O por lo menos, que se acerque a la tasa de reemplazo planteada originalmente por la reforma de 1997, la cual rondaba un 70 por ciento del salario.

“Se va a elevar la tasa de reemplazo de los trabajadores en un promedio de 40 por ciento y los trabajadores que menos recibían, que tenían hasta cinco salarios mínimos, van a aumentar de un 31 por ciento a un 54 por ciento su tasa de reemplazo”, señaló el secretario de Hacienda.

No hay que olvidar que la tasa de reemplazo o de sustitución es el indicador que muestra el grado en que un sistema de pensiones puede cumplir el objetivo de otorgar una pensión digna. Mide el porcentaje de pensión que recibiría un trabajador en comparación con el sueldo real que en la actualidad percibe, al momento de jubilarse. En México, tenemos unas de las peores tasas de reemplazo del mundo.

Lo malo

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Lo bueno de la propuesta de reforma al sistema de pensiones también sería caldo de cultivo de preocupaciones que el gobierno debería tener en consideración sobre su propuesta. Porque, si bien es cierto que reducir las semanas necesarias de cotización ampliaría el acceso de esta prestación a más trabajadores, también podría implicar obtener una pensión muy baja y desincentivar el ahorro voluntario. Tal y como lo señalaba en su columna, Antonio Sandoval, a principios de año.

Sin embargo, la idea de aumentar las cuotas patronales sería una forma de compensar el menor tiempo de cotización, pues más dinero sería destinado a incrementar el ahorro para el retiro en menor tiempo. A pesar de ello, esto significaría un mayor peso económico para el mercado laboral, pues al aumentar estas cuotas, el hecho es que se encarecería el trabajo paulatinamente.

Tal y como lo señalan algunos expertos, aumentar las cuotas patronales podría afectar al empleo formal y, por ende, al crecimiento económico. Especialmente si se consideran los tiempos de crisis que actualmente vivimos, pues encarecer los nuevos empleos puede traer una de dos consecuencias: la creación de menos empleos formales, o bien, poco incentivo para los incrementos salariales.

Lo feo

En un país con una escaza cultura de ahorro y de las finanzas personales, en donde el sentido de lo inmediato se sobrepone al de la prevención y anticipación por el futuro, cualquier reforma al sistema de pensiones que no ataque la falta de planeación financiera en México someterá a las finanzas públicas a una presión insostenible a largo plazo.

Esto sería igual de cierto para la reforma que propone el gobierno de AMLO, especialmente en el corto plazo, con los trabajadores que están más cercanos a jubilarse, pues una reforma de este tipo tendría un efecto inmediato en la estructura de retiro de estos trabajadores, lo que significaría que el Estado tendría que entrar a nivelar su situación para emparejarlos con las generaciones subsiguientes. Esta carga fiscal sería particularmente sensible en los tiempos de crisis sanitaria y económica que vivimos en la actualidad.